.png)
.png)

.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)

.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
Cada domingo el Parque Rivadavia les abre las puertas a pequeños y grandes fanáticos de la nostalgia, atesorando entre las calles Doblas y Rosario el paseo del coleccionista, donde más de 15 feriantes venden y presumen sus juguetes de colección.
Los juguetes esperan su secuela en los puestos del Parque Rivadavia
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
El Parque Rivadavia fue inaugurado el 17 de julio de 1928. Fuente: Wikpedia. (Tocar la imagen para más información)
Lo que comenzó en 1943 inspirado por la Revista Rojinegro en una feria de numismática y filatelia, es hoy, en las seis hectáreas del Parque Rivadavia, un despliegue de libros, discos, juguetes, postales, pósters, figuritas y muchas otras piezas antiguas.
A dos días del comienzo de la primavera, el invierno se resistía a irse. El gris del domingo 19 de septiembre luchaban contra el verde opaco del pasto para decorar el ambiente de los juguetes, o mejor dicho, de las piezas coleccionables que descansaban, de 10 a 17, en los rústicos puestos en el barrio de Caballito. Sobre un círculo de cemento hundido entre el pasto y el cemento, los manteros se animaban a apoyar sobre el suelo las piezas exhibidas, a sus alrededores, los stands autorizados por el gobierno complementaban la escena. Aunque la burocracia para conseguir un lugar sobre el parque sea tediosa y complicada, “cualquiera que alimente esta cultura será bienvenido”, aseguró Jorge Oscaris, feriante del parque Rivadavia hace 30 años.
Gran parte de los manteros coloca sus piezas sobre el anfiteatro. Fuente: CC.
Los coleccionistas y vendedores esperaban a los curiosos compradores desde las 10. Los dueños de stands y demás comerciantes llegaron sonriendo, se saludaron entre las mesas y se regalaron sonrisas camufladas por los barbijos, sonrisas que dejaron de ser tímidas hace ya varios domingos. “En algún punto es como si fuésemos familia, nos conocemos, nos queremos y nos apoyamos. Este año fue duro porque si veías una mesa vacía por más de dos domingos, no te quedaba otra que suponer que el Covid nos había robado un compañero”, sostuvo Zara Luna, feriante de 51 años.
.png)
.png)
.png)
En un espacio abierto, inclusivo, en el que el fanatismo y la añoranza comparten protagonismo, los hombres se convirtieron en niños para permitirse disfrutar de aquellos pequeños pero, en algunos casos, muy costosos juguetes que los obligan a sacar bastantes billetes de sus bolsillos. Algunos feriantes guardaban bajo sus mesas piezas especiales que algún comprador fuese a retirar ese mismo día.
Carlos Palma es acompañante terapéutico, pero hace cinco años conoció a un amigo que coleccionaba los mismos juguetes con los que se divertía de chico. Alguna pieza de tetris, de jenga o de algo similar, se movió dentro de él y decidió acercarse al parque para hacer su siguiente jugada sentimental. Encontró, así, una nueva pasión que comenzó con compra venta y siguió con colección. Hoy, sus piezas suman un valor mayor a 2 millones de pesos.


.png)
.png)
Palma se encontraría con un comprador internacional para venderle esa figura a más de 700 dólares. Fuente: CC.
Algunos de los integrantes de ese ritual semanal comenzaron coleccionando sus propias piezas y cuando conseguían algún juguete repetido se animaban a venderlo. Así fue como Fernando Mario Casteglione se adentró en el mercado del coleccionismo de juguetes que además de darle un ingreso económico, le presentó amigos y compañeros con los que aún comparte la pasión. Casteglione borró sus redes sociales porque con el tiempo se dio cuenta de que les vendía en Mercado Libre a los mismos que se cruzaba cada domingo. El docente y coleccionista decidió abrazar la tradición y vender solo en el Parque, donde entre manteros y puesteros, junta más de 15 amigos.

Casteglione afirma que las piezas más vendidas están entre los $200 y $600. Fuente: CC.
Entre deportistas, niños, paseadores de perros y algún que otro abuelo con su diario, la feria llegaba a su cierre cerca de las 17. Los juguetes, desacomodados y observados, volvían a sus plásticos para entrar otra vez en las cajas de cartón donde, pacientes, esperarán al próximo domingo para que algún valiente les regale un spin off.
Por: Candela Inés Chomali
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)







_JPEG.jpeg)